Duras son las palabras con las que el Señor se dirige en el evangelio de este domingo a los fariseos. En ellas les hace tres severas críticas.
Evangelio del XXXI Domingo del Tiempo Ordinario 2023 (A)
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a los discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen. Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame «rabbí».
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar «rabbí», porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Mt 23, 1-12
Tres severas críticas
En primer lugar, Jesucristo les llama la atención por su falta de coherencia de vida. Ellos, dice, “cargan fardos pesados sobre los hombros de la gente, sin que ellos estén dispuestos a mover un solo dedo”. Exigen a los demás sin exigirse a ellos mismos, convirtiéndose así en mal ejemplo que no convence, pues la conversión de los demás debe empezar por la conversión de uno mismo. Como se suele decir: las palabras convencen, pero solo el ejemplo arrastra.
En segundo lugar, les reprocha su vanidad, al indicarles que “todo lo que hacen, lo hacen para que les vea la gente”. Debemos preguntarnos aquí, cuál es la motivación que nos lleva a realizar el bien y por quién practicamos la virtud. La pregunta podría ser esta: ¿quién es mi público? La respuesta correcta sería: mi público es Dios.
El tercer lugar, les muestra el Señor su insensibilidad hacia los dones que de Dios han recibido. Efectivamente, cuando somos vanidosos y hacemos las cosas para que nos vean los demás, en el fondo, es porque creemos que somos muy buenos o muy perfectos. Sin embargo, como dice San Pablo “¿qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿a qué gloriarte como si no lo hubieras recibido?”1I Cor, 4, 7.
Por eso el Señor habla a sus discípulos acerca de “no llamar padre o maestro a nadie”, no porque no pueda hacerse, sino como queriendo indicar que nadie puede ser maestro si no es llamado por Dios Maestro a serlo, y que tampoco nadie puede ser padre si no es poque primero Dios Padre lo llame a serlo. Así pues, no seamos insensibles a los dones de Dios como si nosotros pudiésemos dárnoslos a nosotros mismos. Al contrario, seamos agradecidos porque Él nos los ha dado.
Por último, conviene descubrir en el evangelio que el Señor al amonestar a los fariseos, lo hace reconociendo todo lo positivo que hacen. Por eso dice “Haced lo que ellos dicen”. Jesús reconoce que ellos dicen la verdad, aunque luego no la practiquen del todo. Esto es importante frente al relativismo actual, ya que a veces pensamos que como otros, especialmente nuestros superiores o autoridades, no viven ni actúan moralmente bien, eso puede ser justificación para no vivir nosotros bien. No debe ser así.
Por ejemplo, en la Iglesia descubrimos la verdad, pero esta tiene que convivir muchas veces con la mediocridad de los que como cristianos tendríamos que ser buen ejemplo para los demás. Pero esa mediocridad no justifica nunca la mentira o el mal moral. Por eso, hagamos el bien aunque otros lo digan pero no lo cumplan.
Como broche de oro de estas enseñanzas, el Señor lo resume todo indicándonos el camino para superar en nuestra vida el fariseísmo: ser humildes y servidores de los demás: “El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.
5 de noviembre de 2023.
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- 1I Cor, 4, 7