Las lecturas de este domingo nos muestran la importancia de aprender a reconocer juntos la voz de Dios en nuestras vidas.
Evangelio del II Domingo del T. Ordinario 2024 (B)
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:«Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo: «Venid y veréis».
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)». Y lo llevó a Jesús.
Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».
Jn 1, 35-42
En la primera lectura se nos narra la vocación de Samuel. Era muy pequeño cuando, estando durmiendo en el templo, oyó durante la noche la voz del Señor que lo llamaba. Él no supo reconocer esa voz, pero Elí le enseñó a descubrirla y a responder con generosidad: “habla Señor, que tu siervo escucha”. De hecho, el nombre de “Samuel” significa etimológicamente “aquel que escucha a Dios”.
Todos nosotros necesitamos reconocer la voz de Dios en nuestras vidas, poder escucharle e interpretar sus palabras, para que estas nos guíen siempre. Dios siempre desea hablarnos al corazón, pero no siempre estamos dispuestos a escucharle. Quizás sea por eso que, aunque nos habla, no somos capaces de reconocer su voz.
Ya en el evangelio, vemos como Juan el Bautista enseña también a Juan y Andrés a descubrir a Dios en el Jesús de Nazaret: “he ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Al oír la indicación del Bautista, ambos comenzaron a seguir al Señor. Entonces se estableció un hermoso diálogo entre el Maestro y sus nuevos discípulos.
Al día siguiente, el evangelio nos narra que Andrés hizo de maestro de Pedro y que “lo llevó a Jesús”.
Reconocer juntos la voz de Dios
En todos estos personajes vemos una idea común que se repite. Todos ellos supieron descubrir la voz de Dios en sus vidas porque alguien les ayudó y acompañó. En nuestras vidas, no es posible reconocer esa voz sino en la Iglesia, unidos unos a otros. Todos necesitamos la ayuda de un maestro espiritual que nos ayuda en esa escucha de Dios.
Como Samuel, tengamos todos esa apertura de corazón a la voz de Dios y digamos: “habla Señor, que tu siervo escucha”.
14 de enero de 2024.