En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: -«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: -«Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»
Mc 12, 38-44
Dar la vida
En el evangelio de este domingo se nos dice que, “estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales” (Mc 12, 41-42)
Esta pobre viuda, entra al templo, se acerca al altar de las ofrendas de Dios, y deposita allí dos reales. Esas ofrendas se destinaban para el culto, para el mantenimiento del templo y de los sacerdotes, y seguramente también para otras obras de caridad.
Este pasaje es una clara muestra de lo que veíamos en el evangelio del pasado domingo: que los dos mandamientos que resumen la Ley están íntimamente relacionados y son inseparables. El primero, “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”; Y el segundo “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Como dice San Juan: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor” (I Jn 4, 8).
En el evangelio de hoy lo vemos claramente por dos motivos: primero porque la viuda ha realizado una ofrenda a Dios, que repercute en su prójimo. Amar a Dios es siempre amar al prójimo.
Segundo, porque se nos indica que la viuda es pobre y, añade Jesús, que ha dado de todo lo que tenía para vivir”. Quién da todo lo que tiene para vivir, en realidad da su vida, porque después ¿cómo vivirá? Ella se lo ha dado todo a Dios, pero también ha dado la vida por su prójimo. De este modo, movida por el amor de Dios, imita a Jesús que dijo también: “Nadie tiene amor más grande, que el que da la vida por sus amigos”.
7 de noviembre de 2021.