Ya se sienten los pasos del Redentor
En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
(Lc 1, 39-45)
Ahora sí que sí. El Señor está ya muy cerca. Ya desde el pasado domingo venimos sintiendo la alegría de su cercanía. Pero si es grande nuestra alegría por su venida, mucho mayor es su alegría cuando nosotros le acogemos en nuestra vida, pues “hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve que no necesitan conversión”1Lc 15, 7.
En esta obra de la salvación se encuentran implicadas las tres personas de la Santísima Trinidad, como podemos apreciar en las lecturas de la liturgia de este cuarto y último domingo del tiempo de adviento.
Al Padre se refiere la primera lectura cuando el profeta Miqueas nos muestra su voluntad: “De ti, Belén, voy a sacar al que ha de gobernar Israel, aquel cuyos orígenes son de antaño”. Voluntad que cumple enviándonos a su Hijo, Palabra Eterna.
Ante este deseo del Padre, la segunda lectura nos muestra los sentimientos del Hijo que, al “entrar en este mundo dice” obediente, “he aquí que vengo para hacer tu voluntad”. Y en virtud de esta voluntad, de su oblación y entrega, “todos quedamos santificados”. Es el Buen Pastor que sale en busca de la oveja perdida2ref. Lc 15, 4ss.
El Espíritu Santo es el que hace posible que María, “la que tiene que dar a luz”, dé a luz al que es el rostro brillante del Padre. Así podremos reconocer que Dios ha escuchado las súplicas de la Iglesia “Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”. Este escenario, antesala de la Encarnación y del Nacimiento de Cristo, es el que contemplaba el gran San Ignacio de Loyola cuando consideraba a las tres personas de la Trinidad que, ante la contemplación de la humanidad caída, responden: “Hagamos la redención”.
19 de diciembre de 2021.
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- 1Lc 15, 7
- 2ref. Lc 15, 4ss