Solemnidad de San Ildefonso

El Árbol de la Vida que da frutos de vida eterna

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: 

—“No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. 

Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. 

El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. 

¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? 

El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida.El que escucha y no pone por obra, se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó, y quedó hecha una gran ruina”.

Lc 6, 43-49

Este tercer domingo del tiempo ordinario celebramos la solemnidad de San Ildefonso, patrón de nuestra archidiócesis toledana.

El evangelio de esta fiesta podría usarse en la liturgia de la celebración de cualquier santo de la Iglesia, pues en todos ellos se cumplen dos enseñanzas importantísimas que nos quiere inculcar hoy el Señor con sus palabras.

En primer lugar, la relación entre lo que vivimos y el fruto que puede y debe dar nuestra vida. El Señor es claro: “los árboles se conocen por el fruto que dan”. Esto es claro en los santos. “No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano”. Un ejemplo, entre otros muchos, es San Ildefonso. Él se encuentra dentro de esa línea de la sucesión apostólica que viene desde los apóstoles y que llega hasta nuestro actual arzobispo. A él le debemos gran parte de lo que hoy es nuestra Iglesia particular de Toledo, especialmente el amor a la Virgen María. Nuestra diócesis es el fruto del árbol de la Iglesia Santa, formada por todos aquellos hermanos nuestros que han vivido una vida coherente con el evangelio, dando así fruto, y fruto de vida eterna.

En segundo lugar, nos dice el Señor que ningún árbol puede ser bueno, de frutos buenos, si no es a su vez un fruto del Árbol con mayúsculas que es Jesucristo. Por eso, también nos dice hoy el Señor que “solo el que escucha y pone por obra sus palabras” edifica su vida de forma sólida, edificando así su vida sobre roca, y sobre la Roca que es Cristo. Si San Ildefonso es un árbol que da frutos de vida eterna, es porque él vivió anclado en Jesucristo, el Árbol de la Vida.Pidámosle a San Ildefonso que, con la ayuda de la poderosa intercesión de la Santísima Virgen María, nos ayude a vivir en nuestra vida estas anclados en Jesús.

23 de enero de 2022.