En el Evangelio de este domingo San Lucas nos dice que Jesús “fue llevado al cielo”. En la segunda lectura San Pablo nos dice que Jesús “fue sentado a la derecha del Padre”. Ambas expresiones son complementarias y nos muestran el misterio que hoy celebramos, la Ascensión del Señor a los cielos.
Evangelio del Domingo de la Ascensión 2022 (C)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.
Vosotros sois testigos de esto. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre; vosotros, por vuestra parte, quedaos en la ciudad hasta que os revistáis de la fuerza que viene de lo alto».
Y los sacó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo.
Y mientras los bendecía, se separó de ellos, y fue llevado hacia el cielo.
Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.
(Lc 24, 46-53)
Cuando celebramos la Navidad decimos que Jesús “bajó de los cielos”. Ahora que finaliza el paso del Señor por este mundo, al finalizar los días de las apariciones del resucitado, decimos que Jesús “subió a los cielos”. Estas dos expresiones no nos indican un cambio de altura, sino que nos muestran el itinerario que el Hijo de Dios ha recorrido para salvarnos. Él viene a nosotros y después regresa al Padre.
Bajó de los cielos
La venida del Hijo de Dios es el misterio de la Encarnación, el abajamiento de Dios que viene a nosotros haciéndose uno de nosotros, participando de todo lo nuestro menos en el pecado.
Fue llevado al cielo
El regreso al Padre es el misterio de su Ascensión, el enaltecimiento que el Padre hace de su Hijo dándole toda la gloria que le corresponde. Pero ese regreso al Padre no supone un abandono de los hombres, sino que más bien nos lleva con él. Si él ha venido a nosotros es para llevarnos con él al Padre, para que como él mismo dice: “donde yo esté, estéis también vosotros conmigo”1Jn 14, 3.
En efecto, como nos dice el Concilio Vaticano II, “por el misterio de la Encarnación el Hijo de Dios se ha unido, en cierto modo, a todo hombre”2Gaudium et Spes 22. Por eso, al regresar Jesús por la Ascensión al Padre, no regresa solo como Hijo de Dios, sino que lo hace como el hombre Cristo Jesús en el que estamos cada uno de nosotros. San Pablo lo enseña así a los Efesios al decir que «Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo, y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús»3Ef 2, 4-6.
29 de mayo de 2022.
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- 1Jn 14, 3
- 2Gaudium et Spes 22
- 3Ef 2, 4-6