El seguimiento de Cristo es el tema central de las lecturas de la Misa de este XIII domingo del tiempo ordinario. Todos los personajes que aparecen hoy en la liturgia de la Palabra de Dios son ejemplo de la especial consagración a la que Dios llama a algunos hombres, como los profetas y los sacerdotes, para seguirle, anunciar su palabra de salvación, llamar continuamente al Pueblo de Dios a la conversión, y ser sus testigos. Se trata pues de una liturgia de temática vocacional.
Evangelio del Domingo XIII del Tiempo Ordinario 2022 (C)
Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino entraron en una aldea de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: -Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos? El se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.
Mientras iban de camino, le dijo uno: -Te seguiré adonde vayas.
Jesús le respondió: -Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
A otro le dijo: -Sígueme.
El respondió: -Déjame primero ir a enterrar a mi padre.
Le contestó: -Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios.
Otro le dijo: -Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.
Jesús le contestó: -El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios.
Lc 9, 51-62
El próximo domingo día 3 nuestra Archidiócesis de Toledo se vestirá de gala para celebrar la ordenación de dos nuevos sacerdotes. Por eso, estas lecturas nos pueden ayudar a profundizar en la vocación sacerdotal, tal y como Cristo la ha querido para el Nuevo Testamento.
De entre todas las características del sacerdocio católico, la que aparece reflejada con fuerza en el evangelio de hoy es la radicalidad de la llamada de Cristo, es decir, que Cristo cuando llama al sacerdocio lo hace de una vez para siempre y exigiendo un seguimiento total donde Él se convierta en el centro de la vida del sacerdote.
El seguimiento de Cristo
Como el marido y la mujer abandonan a sus respectivos padres para unirse en matrimonio, el sacerdote también dejará a sus padres para seguir a Cristo con especial consagración. Los esposos vivirán entregados y dedicados mutuamente el uno al otro y a sus hijos. El sacerdote vivirá dedicado a las cosas de Cristo, sin poner el corazón en nada ni en nadie en este mundo. También cuidará de los hijos espirituales que Dios le encomiende.
Por eso advertirá Jesús a los que llama a seguirle que “el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”, y se refiere a las personas o cosas de este mundo, porque Cristo sí reclina su cabeza en las cosas del Padre, “mi alimento es hacer la voluntad del Padre”1Jn 4, 34, pues reclinar es sinónimo de descansar. Tampoco reclinará (descansará) el corazón ni en mujer ni en oficio o cosa alguna en este mundo. Del mismo modo, el sacerdote reclinará, descansará su corazón en Cristo Esposo para dedicarse únicamente a las cosas de Cristo; y esto es el celibato sacerdotal.
Oremos por nuestros sacerdotes, para que sean fieles a la llamada de Cristo, y para que con corazón virginal se entreguen a él, y por él a la Iglesia.
26 de junio de 2022.
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- 1Jn 4, 34