En este tercer domingo de cuaresma la Iglesia nos propone a meditar el evangelio de la samaritana. En él Jesús se presenta como el agua viva de la vida eterna.
Evangelio del Domingo III del Tiempo de Cuaresma 2023 (A)
En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice «dame de beber», le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».
La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo»..
Jn 4,5-42
En el texto evangélico se hace referencia al término agua en dos sentidos: uno real y otro metafórico.
El agua para la sed natural
En sentido real se hace referencia al agua como un elemento de la naturaleza necesario para la vida. El agua nos sirve para lavarnos y para saciar nuestra sed. Él mismo Jesús aparece, fatigado del camino, junto al pozo, esperando que alguien pueda proporcionarle un poco de agua que sacie su sed natural y humana.
Llama la atención que todo un Dios se haya hecho hombre y haya querido participar de todo lo nuestro: de nuestros gozos y tristezas, del descanso y la fatiga, en definitiva, de la vida y de la muerte del hombre. Tan solo una cosa es ajena a Jesucristo: el pecado.
El agua viva de la vida eterna
Por otro lado, y en un segundo lugar, Jesús hace referencia al agua en un sentido metafórico o místico, por el cual Él mismo quiere mostrarse como la única fuente que puede darnos la también única agua viva que puede conseguir saciar nuestra sed infinita de amor y felicidad. Esta agua no sacia el cuerpo sino el alma espiritual del hombre.
El cambio de sentido lo da Jesús cuando, de pedir agua porque tiene sed física, pasa a ofrecer a la mujer samaritana un agua que sólo él puede darle: un agua que es puro don de Dios y que conduce a la vida eterna.
Ella al principio no entiende las palabras de Jesús, pero él la irá guiando para que, mediante la conversación amistosa, pueda centrarse en la realidad sobrenatural de la vida eterna. Finalmente, cuando ella haga referencia a la promesa mesiánica del Cristo, él la confirmará en la fe sobre su persona: “Soy yo, el que habla contigo”.
Esa agua lo recibimos los cristianos en el bautismo y, por eso, la cuaresma es un camino de conversión que conduce al tiempo de la pascua en el que los catecúmenos recibirán los sacramentos de la iniciación cristiana: el bautismo, la confirmación y la eucaristía.
Los que ya recibimos estos sacramentos estamos invitados a renovar nuestras promesas bautismales y a seguir caminando hacia la santidad cristiana que nos conduce hacia la vida eterna.
Jesús tiene sed de nuestro amor
Por último, existe un tercer sentido del término agua, también espiritual y místico, que se deduce sobre todo de las palabras de Jesús en la cruz cuando dice: “Tengo sed”1Jn 19, 28. Es evidente que Jesús en la cruz debió tener sed por la fatiga de su pasión. Sin embargo, los santos padres han entendido de manera más profunda que Jesús en la cruz tiene sobre todo sed de nuestro amor. Al fin y al cabo, si Jesús dice de sí que es una fuente de agua viva, podemos preguntarnos de qué puede tener sed una fuente, sino de que beban de ella.
12 de marzo de 2023.
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- 1Jn 19, 28