Las ovejas del Señor

Las ovejas del Señor

El Evangelio de este IV Domingo del Tiempo de Pascua nos describe cómo son las ovejas del Señor y la relación que Él tiene con ellas.

Evangelio del IV Domingo de Pascua 2022 (C)

En aquel tiempo, dijo Jesús: 

«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

(Jn 10, 27-30)

Características de las ovejas del Señor

Jesús nos dice que sus ovejas escuchan su voz. En efecto, ser del Señor no significa ser una propiedad en el sentido material, sino escuchar lo que él nos dice. Pero escuchar su voz quiere decir dos cosas: reconocer su voz y escuchar lo que él nos dice a través de esa voz. Reconocer su voz significa saber descubrir, de entre todas las voces que suenan en nuestro corazón, cuáles pertenecen a él y cuáles no. Y una vez reconocida su voz, hay que escuchar lo que él nos dice y guardarlo en el corazón como María, que “guardaba todas esas cosas en su corazón”1Lc 2, 19. Para poder reconocer su voz hemos de hacer silencio en nuestro corazón de tantas cosas banales que nos distraen y hemos de dedicar algunos momentos de nuestro día a día a la oración.

Jesús también nos dice que sus ovejas le siguen, lo cual significa que no basta reconocer su voz y la palabra que nos dirige, sino que esta palabra hay que ponerla por obra. Seguir a Jesús es, por tanto, hacer caso a María que nos dice “hace lo que él os diga”2Jn 2, 5. No basta conocer la voluntad del Señor, sino que hemos de procurar ponerla por obra.

El amor de Jesús por sus ovejas

En segundo lugar, Jesús describe su relación con sus ovejas. Él conoce a sus ovejas, refiriéndose no a un conocimiento intelectual sino a un conocimiento del corazón. Jesús ama a sus ovejas, se preocupa por ellas, está pendiente de ellas.

Jesús incluso llega a decir que él da la vida por sus ovejas. No solo las ama sino que ese amor se traduce en la entrega de su vida por ellas.

Por eso sus ovejas no tienen que temer, no perecerán, nadie podrá arrebatárselas. Él las ha recibido del Padre como una encomienda, y él se toma muy en serio dicha encomienda.

Conclusión

Todos estos elementos antes comentados aparecen maravillosamente inmortalizados en el famoso poema de Lope de Vega:

Pastor, que con tus silbos amorosos
me despertaste del profundo sueño;
tú, que hiciste cayado de este leño
en que tiendes los brazos poderosos:

vuelve los ojos a mi fe piadosos,
pues te confieso por mi amor y dueño
y la palabra de seguirte empeño
tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres,
no te espante el rigor de mis pecados,
pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados —
pero ¿cómo te digo que me esperes
si estás para esperar los pies clavados?

Lope de Vega

Procuremos ser ovejas del Señor, no solo de nombre, sino ovejas que escuchan su voz y le siguen. Confiemos en el amor que él nos tiene. En medio de nuestras dificultades, no dejemos de esperar en aquel que da su vida por nosotros.

8 de mayo de 2022.

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  • 1
    Lc 2, 19
  • 2
    Jn 2, 5