Aunque el domingo pasado comenzamos un nuevo año litúrgico, y con él inauguramos un año más el tiempo del adviento, sin embargo, debemos tener claro que la historia no es cíclica ni está siempre como repitiéndose.
Evangelio del Domingo II del Tiempo de Adviento 2022 (A)
Por aquellos días, Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».
Mt 3, 1-12
La historia no es cíclica
De hecho, muchas veces tenemos la sensación en nuestra vida de que las cosas se repiten, y también de que ni nosotros ni el ambiente o la sociedad en la que vivimos nos hacemos mejores: la mentira, el egoísmo, la violencia, etc.
Esto no es así en realidad. La concepción cristina de la historia es lineal. Es el pecado el que ha introducido en mal y la muerte en la historia y en el mundo. Pero Cristo, al hacerse hombre y entregar su vida por la humanidad, liberándonos del pecado y de la muerte, ha querido transformar el enredo de una historia condenada a repetirse siempre en el fracaso del egoísmo y de la muerte, en una historia de salvación.
Necesitamos volver cada año sobre los misterios de Cristo
Somos nosotros los que necesitamos vivir en la historia de la salvación de un modo cíclico, volviendo una y otra vez sobre los misterios de Cristo que nos salvan.
Son nuestra torpeza y nuestro pecado los que hacen que tengamos que volver año tras año sobre la Navidad, la Semana Santa, el tiempo pascual, etc., para que esos misterios nos vayan salvando.
Este volver sobre los misterios de Cristo es posible porque Cristo ha resucitado y ahora trasciende el espacio y el tiempo de la historia, de manera que sus méritos pueden ser aprovechados por cada hombre, en cada lugar y en cada momento de esa historia. Y esto se hace realidad en las celebraciones litúrgicas, donde el misterio de Cristo se abre para nosotros, como si de un tesoro se tratase.
Por eso, cuando celebremos la Navidad, Cristo volverá a nacer en nosotros en la participación activa y fructuosa de esas celebraciones cristianas. Y eso sucederá en la medida en que lo acojamos en nuestra vida y, al igual que hicieron los pastores y los magos, lo adoremos con el ofrecimiento de nuestra vida.
Llamada a la conversión
Acojamos en nuestra vida la llamada a la conversión que San Juan Bautista, precursor del Señor, nos hace en este II Domingo de Adviento: “Preparad el camino del Señor”.
Tenemos que vivir la vida de una manera cíclica, volviendo sobre los misterios de Cristo, pero no tenemos que volver cada año al mismo sitio, sino que como el muelle es cíclico sobre sí mismo pero hacia arriba, también nosotros volvamos cada año al mismo sitio, pero más convertidos o crecidos en el amor a Dios y al prójimo.
Que el Señor nos lo conceda. ¡Ven Señor Jesús!
4 de diciembre de 2022.