Domingo de gozo

Domingo de gozo

Al llegar este domingo al meridiano del tiempo del adviento, celebramos hoy el domingo de gozo, o “gaudete” en latín, en referencia a las palabras con las que San Pablo nos anima a seguir caminando al encuentro de Cristo que viene: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegros. El Señor está cerca”1Flp 4, 4.5. Y no le falta razón, porque se siente ya casi su presencia..

Evangelio del Domingo III del Tiempo de Adviento 2022 (A)

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? 
Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, 
el cual preparará tu camino ante ti”. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él»

Mt 11, 2-11

Domingo de gozo

En estas dos últimas semanas hemos venido escuchando en la primera lectura las promesas que Yahveh hizo a su pueblo a través del profeta Isaías en el Antiguo Testamento: “Sed fuertes, no temáis. ¡He aquí vuestro Dios! Viene en persona y os salvará. Se despegarán los ojos de los ciegos, y saltará el cojo como un ciervo”2Is 35, 1-10.

Esas tuvieron cumplimiento en Jesucristo, la Promesa cumplida del Padre. Por eso, cuando San Juan Bautista, preso en la cárcel de Herodes, duda de que Jesús sea el Mesías y envía sus discípulos a preguntarle, Jesús les responde: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; [..] ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!”.

Era normal que Juan Bautista, aunque esperara al Mesías, no tuviese una idea exacta de lo que el Mesías iba a representar. Así les sucedió a todos los judíos porque, al fin y al cabo, sabían por los textos del Antiguo Testamento que tenía que venir, pero no dejaba de ser un misterio para ellos. Sin embargo, Juan fue acogiendo progresivamente en su corazón al verdadero Mesías.

Viene en persona y nos salvará

También hoy, la Iglesia, por el misterio pascual de Cristo, al recordarnos estos acontecimientos y alimentarnos con la Palabra de Dios en las celebraciones cristianas del adviento, nos hace presentes estos misterios salvíficos, invitándonos a esperar anhelantes la Promesa del Padre, su Hijo Jesucristo.

Verdaderamente el Señor viene en persona a nacer esta Navidad en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestras comunidades cristianas y en el mundo entero, con tal de que le queramos recibir.

Pero también a nosotros nos puede suceder como a Juan, o a los judíos de la época, que no tengamos una idea exacta de quién es realmente Jesús. Sin embargo, no tendríamos excusa, porque nosotros si podemos conocer al Mesías a través del Nuevo Testamento, y fundamentalmente de los Evangelios.

Que cuando venga el Señor en esta Navidad no dudemos de su presencia, o que no nos escandalicemos de Él, para que se puedan aplicar a nosotros sus palabras, “bienaventurado el que no se escandalice de mí”. Que según le vayamos conociendo, lo vayamos también acogiendo en nuestro corazón en su verdadero mesianismo.

11 de diciembre de 2022.

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  • 1
    Flp 4, 4.5
  • 2
    Is 35, 1-10