En este IV domingo del tiempo ordinario quiere el Señor mostrarnos que sí existe una verdad moral que tiene que guiarnos en nuestra vida cristiana.
Evangelio del Domingo VI del Tiempo Ordinario 2023 (A)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «necio», merece la condena del fuego eterno. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo.
Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el fuego eterno. Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al fuego eterno.
Se dijo: «El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio». Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus juramentos al Señor». Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
Mt 5, 17-37
Hace dos domingos, al inicio del capítulo quinto de san Mateo, escuchamos la enseñanza de Jesús acerca de las bienaventuranzas. El resto del capítulo, junto a los capítulos seis y siete, denominados todos ellos como el Sermón de las Bienaventuranzas, nos muestran como la letra pequeña o la aplicación práctica de esas bienaventuranzas: “no cometerás adulterio, no jurarás, no matarás”, etc.
Existe una verdad moral
De esas enseñanzas de Jesús podemos extraer como cuatro verdades.
La primera de ellas es que existe una verdad moral y, por tanto, que la mayoría o lo que mayoritariamente se vive en nuestra sociedad no es criterio a la hora de calificar nuestras acciones morales. Y es que muchas veces se ha caricaturizado de la predicación del Señor como si lo que importase no fuesen las acciones concretas sino solo que nos amemos unos a otros. Pero podemos preguntarnos si es posible amar sin acciones concretas de amor o con acciones que vayan contra ese amor.
Pues bien. Ante la pregunta del joven rico sobre lo que ha de hacer para heredar la vida eterna, Jesús es claro: “cumple los mandamientos”, y también, “El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos”.
La segunda verdad es que Jesús no ha venido a añadir ni a abolir nada de los diez mandamientos, sino que ha venido para poner corazón a la ley, es decir, para que no solo cumplamos esos mandamientos, sino para que los vivamos poniendo todo nuestro corazón en ellos.
Por eso el dice de sí mismo que su alimento es hacer la voluntad del Padre, y no dice que él debe cumplir, sino que ese cumplimiento es su alimento, su vida misma.
La tercera verdad es que Jesús no solo nos pide que vivamos en la verdad moral, sino que él mismo se pone por delante y como ejemplo de vivencia de esa verdad moral.
Por último, Jesús nos muestra también otra gran verdad, a saber, que aunque su norma moral es más exigente y radical que la de los fariseos, ésta no es rigorista sino más gozosa. En efecto, estos últimos eran más laxos, pero eran rigoristas en el cumplimiento de la ley. Sin embargo, Jesús no solo nos exige, sino que nos quiere dar la gracia -su ayuda- para que podamos gozarnos en la vida cristiana.
12 de febrero de 2023.