El camino para llegar a la alegría plena

El camino para llegar a la alegría plena

En el evangelio de este VI domingo del tiempo de Pascua Jesús nos muestra el camino para llegar a la alegría plena.

Evangelio del VI Domingo de Pascua 2024 (B)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. 

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros».

Jn 15, 9-17

En busca de la felicidad

Es claro que todos somos peregrinos en busca de la felicidad. Ningún ser humano es ajeno a esta realidad. Todos ansiamos ser felices y nos movemos en cada uno de nuestros actos buscando la dicha del corazón.

Pero Jesús no nos dice en ninguna parte del evangelio “sé feliz”, sino que su mandato siempre es “ama, sé fiel”. La razón estriba en que la felicidad no es una meta a conseguir, sino la consecuencia de la meta que es el amor. En definitiva, Jesús nos dice: “Ama, sé fiel, y serás feliz”.

Así lo plantea claramente en la fórmula de cada una de las bienaventuranzas: “Bienaventurados -felices- los que…” e indica a continuación cómo hemos de amar para obtener la esa bienaventuranza o felicidad.

Y es que la vocación del hombre no es la felicidad sino el amor. Cuando nuestro objetivo directo es la felicidad, entonces caemos en el egoísmo y el narcisismo, confundiendo la felicidad con una especie de estado de bienestar psicológico, que no es la felicidad plena.

Por eso, dice Jesús, “El que quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”1Mt 16, 25. Es como el agua, que cuando intentamos retenerlo o atraparlo en nuestras manos se nos escapa. Es como si la felicidad no pudiésemos atraparla o retenerla, sino tan solo recibirla como consecuencia del amor, la fidelidad y la entrega, en medio de las cruces y contradicciones de la vida.

El camino para llegar a la alegría plena

Jesús nos muestra que el camino para la felicidad es el amor y la fidelidad, contrarios al pecado, principal enemigo de nuestra felicidad. Sin embargo, el mundo nos propone atajos para la felicidad, al margen de los mandamientos del amor a Dios y al prójimo. 

Dios quiere que seamos felices, pero esto no es posible sino viviendo en gracia y amistad con Él, viviendo el presente en intensidad de amor. El presente es el momento sagrado de encuentro con Dios y con nuestro prójimo. El pasado pasó y tenemos que confiarlo a la misericordia de Dios. El futuro no existe y hemos de confiarlo a su divina providencia.

La única forma de llegar a la alegría plena de la que nos habla Jesús es amar, salir de uno mismo, superar con su ayuda el orgullo, las vanidades y el egoísmo que nos acechan cada día.

5 de mayo de 2024.

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  • 1
    Mt 16, 25