La solemnidad que celebramos este domingo nos muestra que estamos llamados a ser glorificadores de la Trinidad.
Evangelio del Domingo de la Stma. Trinidad 2024 (B)
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».
Mt 28, 16-20
El domingo de la Ascensión del Señor escuchamos su palabra de consuelo a los apóstoles: “Os conviene que yo me vaya para que venga el Espíritu Santo, el que os guiará a la verdad plena”1Jn 16, 7.13.
El pasado domingo de Pentecostés recibimos al Espíritu Santo, que ha guiado a la Iglesia en la profundización de la Revelación que Él nos trajo. Esto ha permitido que durante todo el primer milenio la Iglesia haya podido ir comprendiendo mejor el misterio de Dios y expresarlo en las numerosas formulaciones del credo.
La fe en la Santísima Trinidad
Sostenidos en la roca de Pedro y en los Apóstoles como columnas, los Santos Padres y los concilios de la Iglesia fueron aquilatando la comprensión de nuestra fe en el Dios Uno y Trino. Los más importantes en estos temas cristológicos y trinitarios fueron el Concilio de Nicea (a. 325) y el de Constantinopla (a. 381), que dan nombre al credo conocido como “largo” o niceno-constantinopolitano: “… Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, etc.”.
En esos primeros siglos se acuñaron conceptos como el de “naturaleza” o el de “persona” que sirvieron para comprender y expresar mejor el misterio de Cristo y de la Stma. Trinidad, afirmando que Jesucristo es una persona divina con dos naturalezas -humana y divina-, y que la Trinidad es un solo Dios -una naturaleza divina- y tres personas.
Algunos de esos Santos Padres, como san Atanasio o san Hilario, sufrieron verdaderas situaciones martiriales en defensa de esa fe que hemos recibido y que hemos de conocer, admirar y amar, frente a las herejías o errores dogmáticos, que también hemos de conocer para rechazarlos en nuestra vida.
Esos errores dogmáticos no son solo hechos históricos del pasado sino que se repiten hoy en día, y por eso la necesidad de conocer bien nuestra fe.
Además, esa fe nos muestra que Dios no es algo abstracto ni, como se dice hoy en día, una energía, sino un Dios personal. Tampoco es un Dios solitario sino que es comunión amorosa, como dijo san Agustín: “Dios es el amante, el amado y el amor”, haciendo referencia al Padre, al Hijo y al E. Santo.
Llamados a ser glorificadores de la Trinidad
Por tanto, no estamos llamados a ser meros conocedores o espectadores de este misterio, sino que estamos llamados a vivir en intimidad con ese Dios que habita -inhabitación- en nuestra alma, como nos dijo Jesús: “Si alguno me ama guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”2Jn 14, 23.
Vivamos, por tanto, como verdaderos Templos de Dios, que estamos llamados a ser glorificadores de la Trinidad. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Amén.
26 de mayo de 2024.
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- 1Jn 16, 7.13
- 2Jn 14, 23