La opinión que tenemos sobre Jesús

La opinión que tenemos sobre Jesús

La Iglesia nos invita este domingo a repensar, en unión con la Iglesia, la opinión que tenemos sobre Jesús.

Evangelio del XXIV Domingo del T. Ordinario 2024 (B)

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

Ellos le contestaron: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas».

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?».

Tomando la palabra Pedro le dijo: «Tú eres el Mesías».

Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días». Se lo explicaba con toda claridad.

Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Y llamando a la gente y a sus discípulos les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?».

Mc 8, 27-35

El evangelio de hoy nos narra el anuncio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús que, a su vez, viene precedido dentro del capítulo octavo de san Marcos por la multiplicación de los panes y por la curación de un ciego. Es claro, por tanto, que Jesús, ante la buena fama que estaba adquiriendo en Israel por sus milagros, tuvo que aclarar puntualizando quién era realmente y a qué había venido a este mundo, en definitiva, mostrar el verdadero rostro del Mesías de Dios.

De ahí la pregunta que Jesús dirigió a sus discípulos y que nos hace también hoy a nosotros: “¿Quién dice la gente que soy yo? [..] Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”.

La opinión que tenemos sobre Jesús

Sin duda que en el mundo y en nuestro ambiente podemos escuchar infinidad de opiniones de quién es Jesús. También cada uno de nosotros tiene su propia opinión de quién es él.

Pero la clave de la vida cristiana no consiste en tener mi opinión sobre Jesús, sino en que esa opinión se adecue al Jesucristo verdadero, al Hijo de Dios hecho hombre que “ungido por Dios Padre con el Espíritu Santo y con poder, pasó por este mundo haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo”1, mediante la entrega su vida por la salvación de los hombres.

De ahí que Jesús haga una parada en el camino e introduzca a los discípulos en este diálogo acerca de la opinión que la gente y ellos tienen sobre su persona. Jesús matiza “con toda claridad” la idea que ellos tienen de su mesianismo, mostrándoles su verdadero rostro y misión: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días”. Y a Pedro, por no ajustar su propia opinión al verdadero mesianismo, le dirá: “Ponte detrás de mí2, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres3, no como Dios!”.

Por eso es importante en nuestra vida cristiana busquemos conocer cada día más a Jesucristo4, único camino que conduce al Padre5, cuyo conocimiento pleno solo encontramos en la Iglesia católica y, más concretamente, en la meditación asidua del evangelio.

La Iglesia tiene que ser fiel a Jesucristo

Hoy escuchamos mucho esta expresión: “La Iglesia tiene que modernizarse”, expresión que sin duda se refiere sobre todo a lo que la Iglesia cree acerca de quién es Dios y acerca cómo ha de ser la vida de un buen cristiano. Pero en resumidas cuentas, esto no es sino un cristianismo a la carta, en el que cada uno tiene su propia opinión hecha a la medida de su propia conveniencia.

Pero ¿qué es la moda? Chesterton decía que “La moda es lo que se pasa de moda”. Por tanto, un cristianismo de moda es un cristianismo que, en los tiempos que hoy tanto corren, cada pocos años es un cristianismo diferente.

No. La Iglesia no tiene que modernizarse. La Iglesia tiene que ser fiel a Jesucristo “que es el mismo, ayer, y hoy, y siempre”6. Podrán modernizarse, quizás, aspectos accidentales o secundarios de su naturaleza. Pero lo sustancial y nuclear de la fe nunca podrá cambiar, porque entonces tendríamos un Jesús que no es Jesucristo.

Qué opinión de Jesús está hoy de moda

Veamos algún ejemplo. ¿Qué se cree hoy modernamente acerca de Dios? Que Dios no existe o que no podemos saber si existe, y que, si existe, nuestro mundo a Él no le importa porque es como un Dios motor que simplemente mueve el mundo, o que si le importa es un Dios infinitamente bueno, como una especie de padre ya abuelete, que lo consiente y lo perdona todo. Pero si lo consiente todo no es buen padre, y que lo perdona todo es verdad, pero el perdón exige conversión y cambio de vida por nuestra parte.

También se cree que cada religión, con su propia idea de lo que es Dios, es un camino diferente pero verdaderamente válido para llegar al mismo Dios, que lo es de todos, y que, por tanto, todas las creencias son vías de salvación perfectamente válidas. Jesús, por tanto, sería un mero hombre como nosotros que nos ha hablado de Dios como lo han hecho otros personajes de la historia de la humanidad, en definitiva, un camino más para llegar a Dios.

La exigencia y urgencia de la evangelización

Podemos preguntarnos entonces, ¿qué sentido tiene que la Iglesia evangelice? y ¿qué sentido tiene que haya misioneros que vayan a otros lugares del mundo donde no conocen a Jesucristo, para que puedan conocerlo allí también y puedan tener acceso a los sacramentos de la Iglesia que nos salvan?

En efecto, en palabras de S. Pablo VI:

Ella [la Iglesia] existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de su Gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su muerte y Resurrección gloriosa.

Evangelii Nuntiandi 14

El P. Segundo Llorente s.j.

Estando en Perú este verano con un grupo de magníficos y jóvenes misioneros, y releyendo estos días ya en España las cartas y escritos del P. Segundo, misionero español que pasó cuarenta años en Alaska, pensaba mucho en la necesidad de la evangelización.

El P. Segundo, como buen hijo de S. Ignacio que siempre buscó lo más y mejor al servicio de Dios, sintió muy joven la llamada a ser sacerdote. Estando ya en el seminario de León, un jesuita les dio unos ejercicios y se dijo a sí mismo que él también tenía que ser jesuita.

El P. Segundo Llorente s.j. en la reserva india en Spokane

Estando ya en el noviciado jesuítico pasó por allí un misionero de China que les dijo a los novicios: “Ustedes, ¿qué van a hacer en España? En España el que se condena es porque le da la gana; tiene todos los medios para salvarse: tiene iglesias, tiene sacerdotes, tiene todo… Pero hay miles y millones de paganos que no han oído nunca hablar de Jesucristo…”7. Eso hizo que Segundo quisiese ir a las misiones.

Más adelante, Segundo supo que Pio XI había dicho que la tarea más heroica en la Iglesia católica era la misión en Alaska y entonces, cuenta su hermano el P. Amando Llorente s.j. que Alaska se le metió a Segundo en el corazón y en el alma y en la ilusión y en los ideales… y ya no era más que ¡Alaska!”8.

La vida en Alaska era dura. Muchísimas veces tenía que pasar los días y semanas encerrado por los temporales. En invierno el día dura tan solo cinco horas y la noche diecinueve. Por eso, en una ocasión, cuenta también su hermano Amando que un padre le pregunto qué hizo en Alaska durante cuarenta años, y que para qué perdió tanto tiempo en Alaska, a lo que Segundo le contestó, seguramente con jocosidad: “Estuve cuarenta años enseñando a los esquimales… a hacer la señal de la cruz. Y con eso me doy por contento”9.

Esta sí es un alma con un certero conocimiento del rostro de Cristo y de su misión, consciente de la exigencia y urgencia de la evangelización.

Nuestra misión de conocer más y mejor a Cristo

Por eso, teniendo a Jesucristo como Camino, Verdad y Vida, podemos afirmar que Él quiere ser conocido por todos, y quiere ser conocido como Él es, no como nosotros opinamos que él es.

De ahí la importancia de que meditemos asiduamente los evangelios, nos formemos como verdaderos cristianos de la mano siempre de la Iglesia, y que no tratemos por nada del mundo de construirnos un cristianismo a la carta. Solo de este modo podremos acertar en la opinión que tenemos sobre Jesús.

El evangelio de este domingo concluye con una enseñanza fundamental para la vida cristiana que no es opinable: “El que quiera seguirme, que tome su cruz de cada día y me siga”. Pero esta enseñanza daría para otra homilía.

15 de septiembre de 2024.

  1. Hch 10, 38 ↩︎
  2. “Ponte detrás de mí” es la invitación de Jesús a Pedro para que dejándole a Él delante como Maestro, él se ponga detrás como discípulo para conocer el verdadero rostro del Mesías ↩︎
  3. “Tú piensas como los hombres” hace referencia a la opinión de moda que los judíos tenían del Mesías que había de venir ↩︎
  4. “En esto consiste la vida eterna: en que te conozcan a ti Padre, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo” (Jn 17, 3) ↩︎
  5. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 6) ↩︎
  6. Hb 13, 8 ↩︎
  7. LLORENTE, S. (2004), Cuarenta años en el Círculo Polar (pp. 11-13). Salamanca: Ediciones Sígueme ↩︎
  8. Ibid ↩︎
  9. Ibid, p. 16 ↩︎