La verdad y el bien fuera de la Iglesia

La verdad y el bien fuera de Iglesia

El evangelio de este domingo da pie a comprender la naturaleza de la existencia de la verdad religiosa y el bien moral fuera de la Iglesia, pues Jesucristo alaba que al margen de su seguimiento -discipulado- puedan darse también esa verdad y ese bien.

Evangelio del XXVI Domingo del T. Ordinario 2024 (B)

En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».

Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa.

El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la “gehenna”, al infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna”. Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».

Mc 9, 38-43.45.47-48

En efecto, la verdad y el bien se dan también fuera de la Iglesia católica pero, como veremos a continuación, se dan siempre como destello de Cristo -sumo Bien y suma Verdad- y como camino que atrae hacia la incorporación a la única Iglesia de Cristo, que subsiste de modo pleno en la Iglesia católica.

Jesús y la Iglesia son una y la misma cosa

Los apóstoles le cuentan a Jesús por boca de Juan: “hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido porque no es de los nuestros”. A lo que Jesús les dice: “No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí”.

Nos sorprende Jesús. Es como si le pareciese bien que este hombre, aun creyendo en Él, no quiera ser discípulo suyo como ellos, sino que quiera ir por su cuenta. Si así fuese, sería una contradicción con otras palabras también de Jesús: “el que os desprecia a vosotros me desprecia a mí”1. Sin embargo, las palabras de Jesús son coherentes pues las dos expresiones son complementarias.

Primero, porque este hombre está realizando un bien, y eso está siempre en armonía con Dios que es el Bien con mayúsculas. Por eso, debemos siempre aprobar todo el bien que hagan los hombres en el mundo, aunque no conozcan a Cristo o no le sigan. Es un buen comienzo, y así se preparan para que algún día le conozcan y le sigan.

Y segundo, porque -como dice san Agustín- ese hombre, en cuanto que hacía milagros en el nombre de Jesús, estaba con ellos y no contra ellos. Eso sí, en cuanto que no se unía a ellos, no estaba con ellos y sí en su contra. Por lo cual, lo que tendrían que haberle prohibido no es hacer el bien, sino el no unirse a ellos, ya que Jesús y la Iglesia son una y la misma cosa, formando un solo cuerpo, el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Al respecto de esta segunda razón, pongo a continuación la explicación completa de San Agustín, citada por santo Tomás de Aquino en su concordancia de los evangelios2:

Es de observar que estas palabras no están en contradicción con la sentencia del Señor: «El que no está conmigo está contra mí» (Lc 11,23), porque hay quien encuentra diferencia entre las primeras, dirigidas a sus discípulos: quien no es contrario vuestro de vuestro partido es, y las últimas que se refieren a El mismo: el que no está conmigo está contra mí; como si fuera posible que no estuviera con Él, estando unido a sus discípulos como a sus propios miembros. De otra suerte ¿cómo podía haber verdad en estas palabras: «El que os acoge, a mí me acoge?» (Mt 10,40). Por otra parte, ¿puede no ser contra El el que fuera contra sus discípulos, habiendo dicho: «El que os desprecia me desprecia»? (Lc 10,15).

Así que la verdadera significación de esto es que tanto no está el hombre con El cuanto está contra Él y viceversa. Así por ejemplo, el hombre que hacía milagros en nombre de Cristo y no era de la compañía de los discípulos, estaba con ellos y no contra ellos en tanto que hacía los milagros, y no estaba con ellos y sí en su contra cuando no se unía a ellos. Pero como le prohibieron que hiciera aquello por lo cual estaba con ellos, les dijo el Señor: «No hay para qué prohibírselo». Lo que debieron prohibirle fue lo que no era de su compañía, porque así le hubieran exhortado a la unidad de la Iglesia, y no aquélla en que estaba con ellos, a saber, la honra que daba a su Señor y maestro expulsando a los demonios. Así es como obra la Iglesia católica, no reprobando en los herejes lo que tienen de común con ella, sino lo que de ella les separa, o bien alguna doctrina que sea contraria a la paz y a la verdad, en lo cual están contra nosotros.

San Agustín. De consensu Evangelistarum 4, 5

La verdad y el bien fuera de la Iglesia

En la línea de la última frase de San Agustín debe caminar el diálogo ecuménico con los cristianos no católicos y el diálogo interreligioso con otras religiones no cristianas.

Este diálogo no ha de ser nunca en detrimento de la verdad con mayúsculas, de la que es poseedora en plenitud la Iglesia católica, sino que partiendo de los elementos verdaderos que podamos tener en común con otras comunidades cristianas no-católicas, o incluso con otras religiones, ha de llevar por ese dialogo al conocimiento pleno de la verdad moral y religiosa que subsiste en la Iglesia.

El magisterio de la Iglesia lo enseña recientemente, como podemos apreciar en este texto del Concilio Vaticano II:

… la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos como una, santa, católica y apostólica, y que nuestro Salvador, después de su resurrección, encomendó a Pedro para que la apacentara, confiándole a él y a los demás Apóstoles su difusión y gobierno, y la erigió perpetuamente como columna y fundamento de la verdad. Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica

Cf. Lumen Gentium 8

Quiero finalizar destacando las últimas palabras del texto en las que se indica que aunque fuera de la Iglesia católica encontramos elementos de santidad y verdad, estos son propios de la Iglesia de Cristo -que subsiste en la Iglesia católica- y que estos elementos conducen hacia la incorporación plena a la Iglesia -en la que consiste su unidad-.

Por tanto, la verdad religiosa y el bien moral, que se encuentran en plenitud en la Iglesia católica, se hayan también como destellos de Cristo fuera de Ella, pero siempre ordenados hacia Ella.

29 de septiembre de 2024.

  1. Lc 10, 15 ↩︎
  2. AQUINO T., Catena Aurea (Mc 9, 37-41) ↩︎