Peregrinos de este mundo

Peregrinos de este mundo

El próximo domingo celebraremos en la Iglesia la solemnidad de Cristo Rey. Estamos ya llegando al final del año litúrgico y las lecturas se centran en las postrimerías, en el tema del final del mundo, del juicio final, del término de la historia y de la venida en gloria de Cristo como juez de vivos y muertos. De este modo se nos recuerda que somos peregrinos de este mundo.

Evangelio del XXXIII Domingo del T. Ordinario 2024 (B)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de la gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».

Mc 13, 24-32

No pasará esta generación sin que suceda

En el evangelio, después de haber narrado Jesús en tono apocalíptico el final de los tiempos, él nos dice que “no pasará esta generación sin que todo esto suceda”. Seguro que más de alguna vez nos habrá llamado la atención esa expresión, porque desde su paso por este mundo han sido muchas las generaciones que han pasado y aún no ha sucedido lo anunciado por Jesús.

Podemos entenderlo de dos maneras. En primer lugar, como dice San Beda el Venerable, porque dicha generación se refiere a la generación de Adán y, por tanto, a todo el género humano.

En segundo lugar, entendiéndolo de nuestra vida misma, porque las postrimerías no han de entenderse solo respecto del mundo sino también de nuestro mundo interior, el de cada uno de nosotros, y esto porque lo verdaderamente trascendente no es cuándo llegará el fin del mundo sino cuándo llegará el fin de mi vida personal. Ninguno sabemos cuándo será, pero sí sabemos que sucederá y que el momento -en relación con la eternidad- está cerca.

Las lecturas de estos últimos días del año litúrgico nos hablan de un tema que es tabú para nuestra actual y secularizada cultura porque esta no puede darnos el sentido de la historia y de la vida del hombre. Pero aunque no queramos abordar la pregunta por el sentido y el destino final del hombre, la pregunta siempre está ahí, interrogándonos.

Por tanto, la alusión de Cristo a que no pasará esta generación sin que suceda, es una seria advertencia para que no nos olvidemos de que el final de nuestra vida acontecerá más pronto que tarde, pues la vida es un suspiro o -en palabras de Sta. Teresa- “una noche en una mala posada”1.

Se acerca nuestra liberación

También llama la atención que después de recurrir al tono apocalíptico -en el evangelio de Lucas- Jesús diga: “cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación”2.

En efecto, nuestra vida -participando del misterio pascual de Cristo- ha de llegar a la resurrección pasando por el sufrimiento y la muerte. Jesús nos invita a vivir de manera que esperemos el final de nuestra vida como un momento de liberación y de fiesta. De nuestra fe depende que la muerte la recibamos como esposa y no como verdugo. Y por eso en nuestros funerales canamos que “la muerte no es el final”, porque “aunque morimos, no somos carne de un ciego destino”.

La perspectiva cristiana de la vida ha de ser que la vida es para buscar a Dios, la muerte para encontrarle, y la eterna para disfrutar de su presencia para siempre.

Por tanto, hemos de tomarnos la vida en serio, como antesala de la vida eterna, y podríamos tomar como metáfora de la vida los nueve meses que pasamos durante el embarazo de nuestra madre antes de nacer.

El P. Pio de Pietrelcina decía que tomar en serio la vida es estar dispuesto a mil muertes antes que faltar al amor, al de Dios y al de nuestro prójimo.

Peregrinos de este mundo

No sabemos ni el día ni la hora, pero sí sabemos que Cristo viene como Rey, como pastor, médico, juez, maestro, hermano, padre, y también sabemos por la fe que en esta vida no somos vagabundos sino peregrinos.

La Eucaristía es el alimento para el camino de los peregrinos de este mundo, pero es también el encuentro anticipado con Cristo vivo, pan del cielo, pan de los ángeles.

Que Santa María nuestra madre que peregrinó por este mundo nos aumente la fe y nos conceda el don de la perseverancia en esta vida.

17 de noviembre de 2024.

  1. STA. TERESA DE JESÚS, Camino de perfección, cap. 40, 9 ↩︎
  2. Lc 21, 28 ↩︎