Todos hemos recibido de su plenitud

Todos hemos recibido de su plenitud

En la fiesta de la Inmaculada, la llena de gracia, descubrimos cada año que todos hemos recibido de su plenitud.

Evangelio de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción 2024

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, «porque para Dios nada hay imposible»».

María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se retiró.

Lc 1, 26-38

Ha querido el Señor que hoy dejemos a un lado la liturgia propia del segundo domingo de adviento y celebremos así la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Es un privilegio del que goza España y algunos otros países de habla hispana que, cada seis o siete años, al coincidir esta fiesta mariana en domingo, y previa solicitud de permiso extraordinario a la Santa Sede, pueda celebrarse esta fiesta con prevalencia sobre el domingo de adviento.

No obstante esta fiesta puede ayudarnos poderosamente a vivir el adviento, pues la Inmaculada nos hace desear la venida de Cristo a nuestras vidas.

Fundamento bíblico de esta verdad de fe

Con esta fiesta celebramos uno de los grandes misterios marianos de nuestra fe. La expresión Inmaculada no aparece en los primeros siglos pero sí encontramos desde los primeros siglos en la tradición su similar en griego: la Panagia (“Toda santa” o “Santísima”).

¿Pero cuáles son las bases bíblicas de este dogma mariano? Pues aparecen sobre todo en las lecturas de esta fiesta litúrgica.

En el evangelio encontramos la expresión griega Kejaritomene, en latín Gratia Plena (“Llena de gracia”). En esa expresión encontramos la perla preciosa de esta gran verdad de fe. Llena o plena significa que no hay lugar, que no cabe nada más -en este caso- que la gracia. Ella no tiene nada que ver con el pecado. Y la oración colecta lo afirma diciendo que María “fue preservada de todo pecado”.

En la primera lectura del libro del Génesis se nos habla en profecía de la hostilidad que Dios ha puesto -dice- “entre la serpiente y la mujer, entre tu descendencia y la suya”. Se habla también de que esa hostilidad culminará en una victoria: “Ella te aplastará la cabeza”.

Pero ¿a quién se refiere ese esta ella -según qué traducción- y en femenino. ¿Cuál es esa descendencia?

Hay que decir que esa descendencia se ha entendido en la Iglesia, en primer lugar, como referida a Jesucristo, descendencia de María. En efecto, Él por su obediencia al Padre ha vencido a la serpiente: “Padre, no se haga mi voluntad sino la tuya”1 y también “He aquí que vengo para hacer tu voluntad”2.

En segundo lugar, esa descendencia se ha entendido también como referida a María, descendiente de Eva. Así lo ha reflejado la tradición por medio del arte cristiano con la imagen de María pisando con su pie a la serpiente. Ella ha vencido a la serpiente con su “Hágase según tu palabra”.

Pero esa descendencia ha de entenderse también referida a nosotros, que estamos llamados a vencer al pecado y al maligno en nuestra vida con Cristo y por María. En efecto, Jesucristo -reconocido así por los mismos demonios- es el “Santo de Dios3, María es la “Panagia” -la Toda Santa- y nosotros, como nos dice hoy la segunda lectura, estamos llamados a ser santos y, por tanto, a vencer también en nuestra vida a la serpiente buscando en todo la voluntad de Dios.

Todos hemos recibido de su plenitud

Ahora bien, esta última victoria del mal en nosotros ha de venir por Jesús y por María.

Esto podemos apreciarlo, en Jesús, cuando san Juan nos dice que “la gracia nos ha llegado por Jesucristo, pues todos hemos recibido de su plenitud”4. Y en María lo apreciamos mediante la expresión “llena” o “plena” de gracia. En ambos casos, la Sagrada Escritura viene a decirnos que nosotros somos santificados por la gracia que rebosa -o sobreabunda- en Jesús y en María.

Para entender esto mejor nos puede ayudar la imagen del vaso que rebosa.

Por eso, tanto de Jesús como de María, podemos decir que todos hemos recibido de su plenitud, de la plenitud de ambos, aunque la plenitud de María viene a su vez de la de su Hijo.

La victoria viene por el “Hágase”

Por último, hay que indicar que la expresión de María “Hágase” condensa maravillosamente el acto vencedor de obediencia, tanto de Ella como de Jesús, y que en nuestra vida vencemos también con ese “Hágase” que es contrario al “Hágame”, propio del egoísmo que solo trae infelicidad y sufrimientos.

Sta. Maravilla de Jesús expresó maravillosamente ese “Hágase” en su conocido dicho espiritual: “Lo que Dios quiera, como Dios quiera y cuando Dios quiera”.

8 de diciembre de 2024.

  1. Lc 22, 42 ↩︎
  2. Hb 10, 7 ↩︎
  3. Lc 4, 34 ↩︎
  4. cf. Jn 1, 16-17 ↩︎