La liturgia de este tercer domingo de adviento, o domingo de Gaudete -alegría-, nos invita a prepararnos con alegría a la venida de Cristo en la Navidad.
Evangelio del III Domingo de Adviento «Gaudete» 2024 (C)
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «Entonces, ¿qué debemos hacer?».
Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?».
Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido».
Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?».
Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».
Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».
Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.
Lc 3, 10-18
A veces puede parecernos que la Palabra de Dios es abstracta, como si no nos hablara de nuestra vida real. Nada más lejos de la verdad. En el evangelio de este domingo aparece la gente preguntando a Juan Bautista: “¿Qué tenemos que hacer?”. Juan contesta dando tres pautas muy concretas, a la que podemos añadir una cuarta que nos da la celebración litúrgica de este día.
Pautas para prepararnos a la venida de Cristo
La primera pauta la encontramos en la expresión: “No exijáis más de lo establecido”. Se trata de la justicia. Todos tenemos que vivir nuestra vida, y particularmente nuestra profesión, en justicia y rectitud, con una visión de la vida no acomodada a nuestra única conveniencia o al aprovechamiento egocéntrico, sino dando a cada uno lo que le es debido. En este sentido, puede ser bueno que en nuestra labor cotidiana nos preguntemos habitualmente si vivimos como si los demás estuviesen viendo lo que hacemos, es decir, si los demás aprobarían nuestro actuar.
La segunda pauta la expresa en “el que tenga …, que comparta con el que no tiene”. Es la caridad cristiana, que va mucho más allá de la necesaria justicia. Se trata de que compartamos gratuitamente de lo que tenemos -y de los dones que Dios nos ha dado- con el que no tiene. Y esto es más que la mera justicia porque esta mira al otro como prójimo, mientras que la caridad lo mira como hermano. Y esto aunque no lo merezca, por amor, dando a fondo perdido.
La tercera pauta la enuncia diciendo “viene el que es más que yo, aquel a quien no merezco desatarle la correa de las sandalias”. Es la humidad. Hemos de situarnos en la verdad de lo que somos, como Juan: “Conviene que Él crezca -Jesucristo- y que yo mengüe”1. No tenemos que ponernos en el centro ni vivir como queriendo ser protagonistas. Hemos de buscar solo la gloria de Dios. Buscar nuestra propia gloria sería vanagloria (falsa-gloria) porque, como dice San Pablo, “¿qué tienes que no hayas recibido? Entonces, ¿para qué gloriarte?”2.
Prepararnos con alegría a la venida de Cristo
Por último, la liturgia de este domingo de la alegría nos muestra una cuarta pauta para prepararnos a la Navidad. Es la alegría. Así nos lo expresa la invitación de San Pablo a los filipenses que encontramos en la antífona de entrada: “Estad siempre alegres en el Señor. Os lo repito. Estad siempre alegres. El Señor está cerca”. El fundamento de esta alegría es la esperanza cierta de que la venida Cristo en la Navidad está ya cerca. Y la certeza procede del hecho de que si hace dos mil años cumplió su promesa naciendo en Belén de Judá, también ahora en Navidad la cumplirá naciendo en nuestros corazones.
15 de diciembre de 2024.