El evangelio de este IV Domingo de Pascua, conocido también como Domingo del Buen Pastor, nos recuerda el anhelo de Cristo, un solo rebaño, un solo Pastor.
En el fondo, Jesús nos está hablando de la universalidad y la unicidad de la Salvación que Él nos ha traído.
Audio de la homilía (aquí próximamente)
Evangelio del IV Domingo de Pascua 2024 (B)
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».
Jn 10, 11-18
Un solo rebaño, un solo Pastor
Por un lado, la obra de la salvación es universal, es decir, está destinada a obrar en todos los hombres. Por eso Jesús dice en el evangelio que además de las ovejas de su redil, que es la Iglesia, existen otras ovejas que no son de este redil, y que también a esas las tiene que traer, de manera que todos los hombres lleguen a ser ovejas de un único rebaño, la Iglesia, el Nuevo Pueblo de Dios.
Pero también, por otro lado, esa obra de la salvación tiene también la característica de la unicidad, en cuanto que, como dice San Pedro ante las autoridades del Pueblo de Israel, no se nos ha dado bajo el cielo otro nombre bajo el que podamos ser salvados1Hch 4, 12, salvo el de Cristo Jesús, Único Buen Pastor.
Así pues, todos los hombres están llamados a ser ovejas de un solo rebaño, la Iglesia, bajo un solo Buen Pastor, Cristo Jesús. Por eso, todos los miembros de la Iglesia hemos de participar de la solicitud pastoral y evangelizadora del Buen Pastor y de su rebaño la Iglesia.
Diversas vocaciones
Los fieles participan también de esa solicitud por el sacramento del bautismo y de la confirmación que les convierte en discípulos y testigos de Cristo Jesús en el mundo. Mediante su propia santificación en el matrimonio y en sus tareas cotidianas, los fieles laicos procuran la santificación de este mundo. Los consagrados y religiosos buscan su propia santificación siendo testigos de la santidad del mundo futuro.
Especialmente participan de esa solicitud pastoral de la Iglesia los obispos y los sacerdotes, que por el sacramento del orden sacerdotal se configuran con Cristo Sacerdote, siendo estrechos colaboradores del Buen Pastor en la tarea de apacentar el rebaño de Dios mediante el servicio y la entrega de su vida a las ovejas que les han sido confiadas.
Por tanto, Cristo Buen Pastor nos llama -vocación- a todos a ser colaboradores de su empresa: un solo rebaño, un solo Pastor.
21 de abril de 2024.
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- 1Hch 4, 12