Estar para siempre con el Señor

siempre con el Señor

Cuando San Pablo se dirige a los Tesalonicenses, y les habla de la suerte que corren los muertos, da una definición maravillosa acerca de en qué consiste la vida eterna, indicando que allí “estaremos para siempre con el Señor”1I Tes 4, 17.

Evangelio del Domingo XXXII del Tiempo Ordinario 2022 (C)

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».

Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

Lc 20, 27-38

Hemos comenzado el mes de noviembre, conocido como “el mes de los santos” por la centralidad de su fiesta principal, la solemnidad de todos los santos. Estos hermanos nuestros nos invitan a poner la mirada en la verdadera meta de nuestra vida, que ha de ser siempre la vida eterna, y a la que comúnmente denominamos como “el cielo”.

¿Pero en qué consiste el cielo? El catecismo2CEC 1024 nos dice que es “el fin último del hombre”, su meta. También nos dice que “es la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de felicidad”.

Estar para siempre con el Señor

En la Sagrada Escritura son numerosos los pasajes que nos dicen que vivir en el cielo es “estar con Cristo para siempre”3cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17. También encontramos en la Palabra de Dios numerosas imágenes que quieren expresar el misterio de esta realidad: vidaluzpazbanquete de bodasvino del reinocasa del PadreJerusalén celesteparaíso. En definitiva, “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre llegó a comprender lo que Dios ha preparado para los que le aman”4I Co 2, 9.

Allí no se casarán

Y en el evangelio de este domingo, Jesús nos da luz también indicándonos que la felicidad del hombre en el cielo es tal, que no necesita de otro amor humano, como es p.ej. el amor esponsal entre el hombre y la mujer.

Por tanto, el matrimonio es una institución temporal para la vida de este mundo que pasa, querida por Dios para ser colaboración con Él en la creación mediante la generación de la prole. Evidentemente, dicha tarea no se limita únicamente a traer vidas humanas al mundo, sino que consiste en el complejo proceso de acogida de la persona humana, realizado de una forma integral: material, humana y espiritual.

Es verdad, que Él también quiere que la sed de amor y felicidad que el corazón humano tiene pueda realizarse mediante el amor humano. Pero esto solo es posible en este mundo de modo imperfecto pues el amor humano es finito. Solo Dios puede colmar esa sed infinita y, en este mundo, de modo imperfecto.

Por eso nos dice el Señor que hombres y mujeres no se casarán en el cielo. Allí solo Él colmará nuestro corazón.

La vida consagrada

La virginidad o el celibato, vividos por los consagrados en este mundo, es una anticipación de esa vida celeste ya aquí en la tierra. Bien vivido, este amor se convierte para todos en un testimonio de vida bienaventurada.

6 de noviembre de 2022.

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  • 1
    I Tes 4, 17
  • 2
    CEC 1024
  • 3
    cf. Jn 14, 3; Flp 1, 23; 1 Ts 4,17
  • 4
    I Co 2, 9