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Ser honestos en nuestra vida cristiana

Finaliza este domingo la lectura del evangelio el discurso del pan de vida con la invitación del Señor a ser honestos en nuestra vida cristiana. A esa honestidad les llevó poco a poco el Señor a los apóstoles. Cuando por fin les preguntó: “¿También vosotros queréis abandonarme?”. Entonces Pedro, cabeza de la Iglesia, respondió: “Tú solo tienes palabras de vida eterna”.

El alimento de primera necesidad

Al concluir hoy el discurso del pan de vida el Señor nos deja claro que su Cuerpo y su Sangre son el alimento de primera necesidad que nos da la salud espiritual y, por tanto, la vida eterna. En efecto, cuando el Señor nos está hablando de comer su cuerpo y beber su sangre no nos está hablando de forma simbólica o metafórica.

El cuidado providencial que Dios tiene de nosotros

En el evangelio de este domingo vemos el cuidado que Dios tiene de nosotros, dándonos todo lo necesario para poder vivir corporal y espiritualmente. Estos versículos del capítulo seis del evangelio de san Juan nos narran el hecho de la alimentación corporal de las personas que seguían a Jesús, haciendo referencia al alimento espiritual de la Eucaristía.

El consejo más importante para la misión

A los tres consejos que el Señor nos dio el pasado domingo para llevar a cabo la misión evangelizadora de la Iglesia, añade hoy el consejo más importante para la misión: la importancia de la oración y la unión con Él, evitando dedicar excesivo esfuerzo y tiempo a la evangelización en comparación con el que dedicamos al descanso, tanto corporal como espiritual.

Consejos para la misión

El evangelio de este domingo nos presenta unos consejos para la misión evangelizadora que todos y cada uno de nosotros hemos de llevar a cabo. Se trata de una invitación de Dios a ser profetas y evangelizadores de la Buena Nueva de la salvación que Cristo nos ha traído. Del evangelio podemos extraer tres consejos que les da antes de enviarles.

La fe nos descubre a Dios en su sencillez

El pasado domingo contemplábamos la admirable fe de la hemorroísa y el crecimiento de la fe de Jairo, jefe de la sinagoga, que pasó de creer en la curación de su hija a creer que Jesús podía incluso resucitarla una vez que había muerto. El evangelio de este domingo nos enseña que la fe nos descubre a Dios en su sencillez, en los demás y en las diversas circunstancias de la vida.

La fe y la oración se complementan

El evangelio de este XIII domingo del tiempo ordinario nos presenta el milagro de la resurrección de la hija de Jairo y el de la curación de la hemorroísa. Se trata de un evangelio que llama la atención porque nos muestra un milagro del Señor insertado dentro de otro, más amplio en el tiempo, que lo abraza.

La indefectibilidad de la Iglesia

La indefectibilidad es una de las características más propias de la Iglesia. De hecho, el diccionario de la RAE afirma que es esta una cualidad especialmente referida a la Iglesia Católica. Esto es lo que quiso decir el Señor cuando, en la confirmación de Pedro como cabeza de la Iglesia, afirmó que el poder del infierno no la derrotaría (cf. Mt 16, 13-20).

La santidad de la Iglesia

El evangelio de este domingo nos puede ayudar a tomar conciencia de la santidad de la Iglesia para que podamos amarla mucho y hablar siempre bien de ella. Su santidad se debe a la santidad de su fundador, a que él mismo la ha santificado, a que tiene en plenitud los medios para nuestra santificación y a que su fin es la santificación de los hombres.

Conocer y amar la verdad

El ser humano es la única criatura que tiene la capacidad de conocer y amar la verdad, lo cual le puede llevar -si libremente quiere- a vivir en esa verdad. Paradójicamente, el resto de las criaturas no tienen esa capacidad y, sin embargo, precisamente por eso, viven en la verdad de lo que son, eso sí, de forma necesaria, es decir, no libremente.