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La verdadera sabiduría

Las lecturas de este XVII domingo del tiempo ordinario nos muestran en qué consiste la verdadera sabiduría que solo Dios puede revelarnos. La palabra sabiduría es hoy en día sinónimo de conocer muchas cosas. Sin embargo, en la tradición judeocristiana, la sabiduría hace referencia a un saber que viene de Dios y que solo Él puede darnos.

La cizaña sembrada por el enemigo

La parábola del trigo y la cizaña del evangelio de este XVI domingo del tiempo ordinario guarda relación con la del sembrador del pasado domingo. La Palabra de Dios es sembrada como semilla buena, pero la cizaña sembrada por el enemigo, “mientras los hombres dormían”, del hombre amenaza el buen fruto de esa palabra en nuestras vidas.

El Señor lloró

En el Monte de los Olivos, en Tierra Santa, una Iglesia llamada Dominus Flevit -“El Señor lloró”- recuerda el acontecimiento de las lágrimas de Jesús al acercarse a Jerusalén momentos antes de padecer por nosotros. Esas lágrimas manifiestan la pena del Señor ante la falta de correspondencia de su Pueblo, ante el rechazo de su palabra y de su gracia salvadora.

Dios debe serlo todo para nosotros

Todas las cosas gozan de una cierta sacramentalidad -siendo los sacramentos unos signos visibles que evocan una realidad invisible-. En efecto, en cada persona, en cada cosa, etc., debemos saber descubrir la presencia de Dios, de manera que todo lo amemos desde Dios y al amar las cosas le amemos a Él a través de ellas.

Qué es la verdad

Jesús nos invita a no tener miedo de transmitir la verdad del evangelio al mundo, sino a tener más bien miedo de traicionarle avergonzándonos de Él ante los demás. También les promete el cuidado amoroso de Dios Padre que no les abandonará en la persecución por la defensa de la verdad.

Acompañar al Señor

La procesión del Corpus es un verdadero acto de testimonio eclesial y de fe en la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino. El cristiano, consciente de la grandeza del misterio eucarístico, acompaña al Señor en actitud de adoración y de acción de gracias por el don de la cercanía del Dios con nosotros.

Conocer a Dios cada día más

El misterio de la Santísima Trinidad siempre será un misterio para nosotros. Pero ese misterio se ha abierto para nosotros en el momento en el que el Dios ha querido salir de sí mismo al encuentro del hombre, enviándonos a su Hijo para que haciéndose hombre y entregando su vida por nosotros nos lo revele por la fuerza del Espí-ritu Santo.

Recibir el Espíritu Santo

En esta solemnidad de Pentecostés, al llegar al final de la Pascua, la Iglesia nos invita a recibir el Espíritu Santo. Seguro que el pasado domingo nos tuvieron que sorprender las palabras con las que el sacerdote inició la proclamación del evangelio “Conclusión del san-to evangelio…”, en lugar de las habituales “Lectura del santo evangelio…”.

Sentado a la derecha del Padre

Después de mostrarse resucitado durante cuarenta días a sus discípulos, Jesús ascendió a los cielos y fue sentado a la derecha del Padre. Glorificado en el mismo instante de su resurrección, su gloria permaneció aún velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria, aunque con unas propiedades nuevas y sobrenaturales.

Vivir la pascua

Seguimos celebrando la resurrección de Jesucristo, y no debemos olvidar que estamos por él, y con él, llamados a vivir la pascua. Para nosotros pascua debe significar el paso de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la resurrección, y del pecado a la vida de la gracia de los hijos de Dios.