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La perla preciosa

Todo hombre tiene en su corazón el deseo interior de conocer a Dios. Por eso entendemos las palabras de Felipe a Jesús, pidiéndole: “Señor, muéstranos al Padre”. A esta petición Jesús les hace a los apóstoles una reprensión cariñosa en la que les indica que él es el revelador del Padre y que para poder llegar a ese conocimiento de Dios tenemos que seguirle a él.

Permanecer siempre en la Iglesia

El cenáculo, en el cual Cristo celebró la última cena, es la imagen de la Iglesia donde siempre y principalmente encontramos a Jesucristo vivo y resucitado. De ahí la importancia de permanecer siempre en la Iglesia, instituida por él y a la que se unió en su pasión, muerte y resurrección, como el esposo a la esposa, formando con ella una e indisoluble unidad.

Permanecer siempre en el cenáculo

Tanto en el evangelio de este III domingo de pascua, como en el del domingo pasado, Jesús nos invita a permanecer siempre en el cenáculo, el lugar donde Cristo celebró la Última Cena, donde él se les manifestó resucitado y donde, junto con María en oración, recibieron la efusión del Espíritu Santo.

La Divina Misericordia

Celebramos hoy el II domingo de Pascua, fiesta de la Divina Misericordia, instituida por San Juan Pablo II en el año 2000. En verdad Dios Padre ha tenido misericordia de nosotros dándonos a Jesucristo, entregándolo a la muerte por nosotros y haciéndole vencedor del pecado y de la muerte por su resurrección.

¡Cristo ha resucitado!

¡Feliz Pascua! ¡Cristo ha resucitado! Al amanecer del primer día de la semana, al despuntar el día Jesucristo, el sol que nace de lo alto, alumbra el mundo con la luz de su resurrección. Esta es la gran noti-cia que la Iglesia nos comunica hoy a todos. Hoy celebramos el gran domingo cristiano del que participan el resto de los domingos del año.

La entrada jubilosa de Jesús

Con la celebración del domingo de ramos comenzamos la semana santa, dentro aún de la cuaresma. Es esta una celebración con un sabor agridulce porque en ella celebramos la entrada jubilosa de Jesús en Jerusalén, pero también escuchamos la pasión del Señor. Jesús es bendecido al entrar en Jerusalén pero días más tarde será declarado un maldito al ser crucificado.

La verdad de la resurrección

Seguimos preparándonos para celebrar la Pascua del Señor. Si en el evangelio de la Samaritana de hace dos domingos estuvimos contemplando el signo del agua y en el evangelio de la semana pasada el signo de la luz, en este V Domingo de Cuaresma nos fijamos en otro elemento clave de la iniciación cristiana: la verdad de la resurrección.

La cuaresma va avanzando

La cuaresma va avanzando y nos vamos acercando a la Semana Santa que culminará con la celebración de la Resurrección de Cristo y el inicio del tiempo pascual. En ese tiempo se abrirá la fuente del bautismo de nuestras parroquias para dar a luz a los nuevos hijos de Dios. También será el tiempo de las confirmaciones y de las primeras comuniones.

El agua viva de la vida eterna

En este tercer domingo de cuaresma la Iglesia nos propone a meditar el evangelio de la samaritana. En el texto evangélico se hace referen-cia al término agua en dos sentidos: uno real por el que Jesús apare-ce con sed por la fatiga del camino, y otro sentido metafórico por el que Jesús se presenta como el agua viva de la vida eterna.

Llamados a ver su gloria

En el evangelio de este segundo domingo del tiempo de cuaresma se nos narra el misterio de la Transfiguración del Señor. Momentos antes de su pasión, Jesús anticipó su resurrección a tres de sus dis-cípulos manifestándoles la gloria de su divinidad: “su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz”.