Resucitemos con Él

!Feliz Pascua de Resurrección para todos!, porque Cristo vive y ha resucitado. Por tanto, resucitemos con Él. Comenzamos el tiempo de la Pascua que nos llena de profunda alegría por la resurrección de Jesucristo. Él ha vencido a los tres enemigos de la alegría del hombre: la muerte, el sufrimiento y el pecado, siendo este último la causa de los dos primeros.

La puerta dorada

Cuando se visita Tierra Santa, al acercarse a Jerusalén, a los peregrinos se les muestra la puerta dorada, una de las ocho puertas que dan acceso a la ciudad santa. Esta es la octava puerta, la más antigua de todas, tapiada en el año 1541 por el sultán Solimán porque, según la tradición judía, será la elegida por el Mesías para liberar la ciudad el Día del Juicio Final.

Ha llegado la hora

“Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado”. Con estas palabras, el evangelio nos anuncia la cercanía de la Pascua, el paso del Señor de este mundo al Padre, a través de su pasión, muerte y resurrección. Estos tres misterios de la vida de Cristo he-mos de verlos siempre íntimamente unidos.

La alegría de la salvación por la fe

Este cuarto domingo de cuaresma, conocido tradicionalmente como domingo laetare o domingo de la alegría porque en él se nos invita a alegrarnos por la cercanía de la Pascua. Seguimos avanzando en este tiempo de conversión y la palabra de Dios nos llena de alegría al recordarnos en el evangelio el amor de Dios Padre al darnos a su Hijo.

El Salvador del mundo

Seguimos recorriendo el itinerario cuaresmal que nos llevará a la celebración de la Pascua del Señor. Después del encuentro del Señor con los samaritanos, y gracias al testimonio de la mujer samaritana, estos le reconocen como salvador, como el Mesías y el Cristo que ellos y el Pueblo de Israel estaban esperando. También para nosotros, Jesucristo es el único que puede dar la paz al mundo.

Dios está con nosotros

En el evangelio de este domingo, Jesús nos muestra la meta del itinerario cuaresmal que es la gloria. El consuelo que experimentan los tres discípulos predilectos en el momento de su transfiguración, se convierte para nosotros en guía luminosa que nos orienta en el duro camino de la vida hacia la Pascua liberadora: la pasión y la muerte dan paso a la resurrección y a la vida eterna.

Prepararnos convenientemente a la Pascua 

Con la celebración del pasado miércoles de ceniza dio comienzo el tiempo de la Cuaresma, el tiempo penitencial que nos propone la Iglesia para prepararnos convenientemente a la celebración de la Pascua del Señor, su pasión, muerte y resurrección. Pero, ¿qué significa exactamente la palabra penitencia?

Jesús nos sana corporal y espiritualmente

El pasado domingo contemplamos a Jesús realizando todo tipo de curaciones físicas y espirituales. Él hace las veces de médico para con nosotros, médico del cuerpo y del alma. En este domingo aparece sanando a un leproso que acude a Jesús y le pide con fe la curación: “Si quieres puedes curarme”.

Jesús nuestro médico

La liturgia de este domingo nos muestra a Jesús como médico que nos sana de todas nuestras enfermedades. El salmo nos dice que el Señor “sana los corazones destrozados”. El aleluya que “Cristo cargó con nuestras enfermedades”. En el evangelio aparece curando a la suegra de Pedro y a muchos enfermos y endemoniados.

Hablaba con autoridad

El evangelio de este domingo nos muestra el asombro de los que escuchaban a Jesús porque, según ellos, hablaba con autoridad. En efecto, al hablar, Jesús lo hacía como alguien que tenía una experiencia profunda de Dios, sabiendo de qué hablaba. Nosotros sabemos que eso era así porque él mismo es verdadero Dios, el Hijo del Padre.