La corrección fraterna I

Este domingo escuchamos la enseñanza que el Señor nos hace acerca de la corrección fraterna. Su fundamento se encuentra en el mandamiento del amor al prójimo. Así lo manifiesta la primera lectura del profeta Ezequiel donde se nos dice que cada uno de nosotros somos centinelas que hemos de “advertir al malvado”, “de parte del Señor”.

La sabiduría de la cruz

Si el pasado domingo el Señor reconoció la acertada respuesta de Pedro ante su pregunta “¿Quién decís vosotros que soy yo?”, en cambio, el evangelio continuado de este XXII domingo del tiempo ordinario nos muestra la reprensión con la que Cristo reorienta el pensar del apóstol, ante la predicción del Señor sobre su pasión y muerte.

La enseñanza como obra de colaboración con Dios II

El modelo educativo correcto será aquel que esté fundamentado en una visión antropológica correcta del hombre, y esta solo puede ser la antropología católica, es decir, la que define al hombre según el hombre Cristo Jesús. Esto nos llevará irremediablemente a la pregunta por el origen y el fin del hombre.

La enseñanza como obra de colaboración con Dios I

El mundo educativo atraviesa hoy una gran crisis que hunde sus raíces en una errada visión del hombre que no ésta fundamentada en Dios como su único origen y fin. Esto hace irremediablemente que no se tenga una visión del maestro como colaborador de Dios en la obra de la Creación.

La verdadera sabiduría

Las lecturas de este XVII domingo del tiempo ordinario nos muestran en qué consiste la verdadera sabiduría que solo Dios puede revelarnos. La palabra sabiduría es hoy en día sinónimo de conocer muchas cosas. Sin embargo, en la tradición judeocristiana, la sabiduría hace referencia a un saber que viene de Dios y que solo Él puede darnos.

La cizaña sembrada por el enemigo

La parábola del trigo y la cizaña del evangelio de este XVI domingo del tiempo ordinario guarda relación con la del sembrador del pasado domingo. La Palabra de Dios es sembrada como semilla buena, pero la cizaña sembrada por el enemigo, “mientras los hombres dormían”, del hombre amenaza el buen fruto de esa palabra en nuestras vidas.

El Señor lloró

En el Monte de los Olivos, en Tierra Santa, una Iglesia llamada Dominus Flevit -“El Señor lloró”- recuerda el acontecimiento de las lágrimas de Jesús al acercarse a Jerusalén momentos antes de padecer por nosotros. Esas lágrimas manifiestan la pena del Señor ante la falta de correspondencia de su Pueblo, ante el rechazo de su palabra y de su gracia salvadora.

Dios debe serlo todo para nosotros

Todas las cosas gozan de una cierta sacramentalidad -siendo los sacramentos unos signos visibles que evocan una realidad invisible-. En efecto, en cada persona, en cada cosa, etc., debemos saber descubrir la presencia de Dios, de manera que todo lo amemos desde Dios y al amar las cosas le amemos a Él a través de ellas.

Qué es la verdad

Jesús nos invita a no tener miedo de transmitir la verdad del evangelio al mundo, sino a tener más bien miedo de traicionarle avergonzándonos de Él ante los demás. También les promete el cuidado amoroso de Dios Padre que no les abandonará en la persecución por la defensa de la verdad.

Acompañar al Señor

La procesión del Corpus es un verdadero acto de testimonio eclesial y de fe en la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino. El cristiano, consciente de la grandeza del misterio eucarístico, acompaña al Señor en actitud de adoración y de acción de gracias por el don de la cercanía del Dios con nosotros.