La sabiduría frente a la necedad

En el evangelio de este domingo Jesús contrapone la sabiduría frente a la necedad. Las vírgenes necias quieren entrar al banquete de bodas, pero no ponen los medios necesarios para poder hacerlo. Por ello, dice el Señor que actúan neciamente. Por el contrario, las vírgenes prudentes ponen los medios para poder entrar en el banquete, actuando así sabiamente.

Tres severas críticas

Duras son las palabras con las que el Señor se dirige en el evangelio de este domingo a los fariseos. En ellas realiza tres severas críticas: su incoherencia al no vivir aquello que piden a los demás, su vanidad por hacerlo todo para que les vean los demás y, en tercer lugar, su insensibilidad a los dones de Dios al desear ser llamados maestros y padres.

Lo más importante

En el evangelio de este domingo Jesús, al ser preguntado por los fariseos, responde enseñándonos qué es lo que tiene que ser lo más importante en nuestra vida, el mandamiento principal de la ley. Y aunque la pregunta de los fariseos se realice con malicia, lo cierto es que tiene un gran valor, pues trata de buscar lo principal para nuestra vida.

Somos moneda de Dios

Llama la atención como el evangelio ha permeado la cultura de la humanidad hasta el punto de que muchas de las expresiones bíblicas formen parte del refranero de la mayoría de las lenguas que se hablan en el mundo. Un ejemplo claro es la expresión del evangelio de este domingo “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” con la cual Jesús responde a los fariseos.

Un rey que celebra la boda de su hijo

El evangelio de este domingo nos sigue describiendo el reino de los cielos por medio de parábolas y, en esta ocasión, lo hace con la de un rey que celebra la boda de su hijo. Ese rey y padre representa a Dios Padre que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para desposarse con la Iglesia. Los convidados somos cada uno de nosotros, invitados como miembros de esta Iglesia esposa.

Un rey que celebra la boda de su hijo

El evangelio de este domingo nos sigue describiendo el reino de los cielos por medio de parábolas y, en esta ocasión, lo hace con la de un rey que celebra la boda de su hijo. Ese rey y padre representa a Dios Padre que nos ha dado a su Hijo Jesucristo para desposarse con la Iglesia. Los convidados somos cada uno de nosotros, invitados como miembros de esta Iglesia esposa.

La historia de la salvación

Las lecturas de la liturgia de este domingo son una narración que resume la historia de la salvación, tanto de la creación como de la redención. En evangelio se nos habla en parábola de una viña que, según San Jerónimo y citando a Isaías, representa a la casa de Israel y que, para nosotros, hace referencia perfectamente a la Iglesia y a la humanidad del pasado y del presente.

La justicia según Dios

El modo diferente de pensar divino respecto del humano se ve, por ejemplo, en el sentido de la justicia según Dios. En primer lugar, conviene indicar el significado del término justicia que, según la definición clásica greco-romana, es la de “dar a cada uno lo que le corresponde” en lo individual, y la de “restablecer el orden destruido” en lo social.

La forma que Dios tiene de ver las cosas

El evangelio de este domingo nos muestra lo diferente que es la forma que Dios tiene de ver las cosas respecto de la de los hombres. En efecto, aun habiéndose revelado mostrándonos su visión de las cosas y su querer, nosotros los hombres no acabamos de sintonizar con Él: “mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”.

La corrección fraterna II

El evangelio de este domingo, continuación del que escuchábamos el pasado domingo, nos ayuda a seguir profundizando en el mandato del Señor sobre la corrección fraterna. Un gran modelo de corrección que el Señor ha regalado a la Iglesia es Sta. Mónica. Ella es ejemplo de santo amor, materno hacia su hijo San Agustín y esponsal hacia su esposo Patricio.