Conocer y amar la verdad

El ser humano es la única criatura que tiene la capacidad de conocer y amar la verdad, lo cual le puede llevar -si libremente quiere- a vivir en esa verdad. Paradójicamente, el resto de las criaturas no tienen esa capacidad y, sin embargo, precisamente por eso, viven en la verdad de lo que son, eso sí, de forma necesaria, es decir, no libremente.

El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Todo lo que hemos celebrado durante el Triduo Santo y el tiempo de Pascua lo encontramos concentrado en este misterio del Corpus Christi, porque como reza el sacerdote en la oración colecta de esta Misa, «Cristo nos dejó en este sacramento el memorial de su pasión», muerte y resurrección, a lo que en conjunto le llamamos la Pascua del Señor.

Llamados a ser glorificadores de la Trinidad

La solemnidad que celebramos este domingo nos muestra que estamos llamados a ser glorificadores de la Trinidad. Dios no es algo abstracto ni, como se dice hoy en día, una energía, sino un Dios personal. Tampoco es un Dios solitario sino que es comunión amorosa, según san Agustín: “Dios es el amante, el amado y el amor”, – en referencia al Padre, al Hijo y al E. Santo-.

Feliz solemnidad de Pentecostés

Como el domingo de la resurrección del Señor nos felicitábamos todos diciendo “Cristo ha resucitado. ¡Feliz Pascua de Resurrección!”, ahora en esta solemnidad de Pentecostés, al concluir el tiem-po de Pascua, nos felicitamos diciéndonos unos a otros: “Cristo Resucitado nos ha dado el Espíritu Santo. ¡Feliz solemnidad de Pentecostés!”.

La Ascensión del Señor a los cielos

En domingo de Pascua celebramos en la Iglesia la Ascensión del Señor a los cielos. Este misterio fundamenta el surgir de nuevas formas de presencia de Dios entre nosotros: en los pobres de espíritu, en nuestro prójimo, donde dos o tres están reunidos en su nombre, en la Palabra de Dios, en las celebraciones litúrgicas y, de forma real y sustancial, en la Eucaristía.

El camino para llegar a la alegría plena

En el evangelio de este VI domingo del tiempo de Pascua Jesús nos muestra el camino para llegar a la alegría plena. Es claro que todos somos peregrinos en busca de la felicidad. Ningún ser humano es ajeno a esta realidad. Todos ansiamos ser felices y nos movemos en cada uno de nuestros actos buscando la dicha del corazón.

La dignidad del trabajo

Es costumbre que cada 1 de mayo, día del trabajador, celebremos en la Iglesia la fiesta de San José obrero. Por ese motivo deseo compartir una reflexión acerca de la dignidad del trabajo, que nos ayude a vivir esta dimensión esencial del hombre, como obra de colaboración con Dios.

Un solo rebaño. Un solo Pastor

El evangelio de este IV Domingo de Pascua, conocido también como Domingo del Buen Pastor, nos recuerda el anhelo de Cristo, un solo rebaño, un solo Pastor. En el fondo, Jesús nos está hablando de la universalidad y la unicidad de la Salvación que Él nos ha traído. Universalidad porque es para todos, y unicidad porque solo Cristo es Salvador del mundo.

La vida es un don de Dios

El derecho a la vida, tanto si se trata de la nuestra como de la de los demás, hemos de entenderlo en el sentido de ser algo que hemos de respetar por ser un regalo de Dios. Pero nunca podrá entenderse ese derecho en sentido absoluto como si pudiésemos disponer libremente, ni de la nuestra ni de la de los demás. Nunca podrá existir un derecho a eliminar la vida humana.

Al Resucitado lo encontramos en la Iglesia

Los evangelios que narran la resurrección del Señor nos muestran que al Resucitado lo encontramos en la Iglesia. En ellos pueden apreciarse tres modos de afrontar el misterio de Jesús de Nazaret que nos llevan a comprender la indisoluble e inseparable relación entre Jesucristo y la Iglesia, que surge por el misterio de su pasión, muerte y resurrección.