Conocer a Dios cada día más

El misterio de la Santísima Trinidad siempre será un misterio para nosotros. Pero ese misterio se ha abierto para nosotros en el momento en el que el Dios ha querido salir de sí mismo al encuentro del hombre, enviándonos a su Hijo para que haciéndose hombre y entregando su vida por nosotros nos lo revele por la fuerza del Espí-ritu Santo.

Recibir el Espíritu Santo

En esta solemnidad de Pentecostés, al llegar al final de la Pascua, la Iglesia nos invita a recibir el Espíritu Santo. Seguro que el pasado domingo nos tuvieron que sorprender las palabras con las que el sacerdote inició la proclamación del evangelio “Conclusión del san-to evangelio…”, en lugar de las habituales “Lectura del santo evangelio…”.

Sentado a la derecha del Padre

Después de mostrarse resucitado durante cuarenta días a sus discípulos, Jesús ascendió a los cielos y fue sentado a la derecha del Padre. Glorificado en el mismo instante de su resurrección, su gloria permaneció aún velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria, aunque con unas propiedades nuevas y sobrenaturales.

Vivir la pascua

Seguimos celebrando la resurrección de Jesucristo, y no debemos olvidar que estamos por él, y con él, llamados a vivir la pascua. Para nosotros pascua debe significar el paso de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la resurrección, y del pecado a la vida de la gracia de los hijos de Dios.

La perla preciosa

Todo hombre tiene en su corazón el deseo interior de conocer a Dios. Por eso entendemos las palabras de Felipe a Jesús, pidiéndole: “Señor, muéstranos al Padre”. A esta petición Jesús les hace a los apóstoles una reprensión cariñosa en la que les indica que él es el revelador del Padre y que para poder llegar a ese conocimiento de Dios tenemos que seguirle a él.

Permanecer siempre en la Iglesia

El cenáculo, en el cual Cristo celebró la última cena, es la imagen de la Iglesia donde siempre y principalmente encontramos a Jesucristo vivo y resucitado. De ahí la importancia de permanecer siempre en la Iglesia, instituida por él y a la que se unió en su pasión, muerte y resurrección, como el esposo a la esposa, formando con ella una e indisoluble unidad.

Permanecer siempre en el cenáculo

Tanto en el evangelio de este III domingo de pascua, como en el del domingo pasado, Jesús nos invita a permanecer siempre en el cenáculo, el lugar donde Cristo celebró la Última Cena, donde él se les manifestó resucitado y donde, junto con María en oración, recibieron la efusión del Espíritu Santo.

La Divina Misericordia

Celebramos hoy el II domingo de Pascua, fiesta de la Divina Misericordia, instituida por San Juan Pablo II en el año 2000. En verdad Dios Padre ha tenido misericordia de nosotros dándonos a Jesucristo, entregándolo a la muerte por nosotros y haciéndole vencedor del pecado y de la muerte por su resurrección.

¡Cristo ha resucitado!

¡Feliz Pascua! ¡Cristo ha resucitado! Al amanecer del primer día de la semana, al despuntar el día Jesucristo, el sol que nace de lo alto, alumbra el mundo con la luz de su resurrección. Esta es la gran noti-cia que la Iglesia nos comunica hoy a todos. Hoy celebramos el gran domingo cristiano del que participan el resto de los domingos del año.

La entrada jubilosa de Jesús

Con la celebración del domingo de ramos comenzamos la semana santa, dentro aún de la cuaresma. Es esta una celebración con un sabor agridulce porque en ella celebramos la entrada jubilosa de Jesús en Jerusalén, pero también escuchamos la pasión del Señor. Jesús es bendecido al entrar en Jerusalén pero días más tarde será declarado un maldito al ser crucificado.