Conocer a Jesucristo

Después de haber celebrado el Bautismo del Señor, San Juan Bautista quiere mostrarnos la importancia de conocer a Jesucristo en nuestra vida. En el evangelio de este domingo llama la atención que el bautista diga hasta por dos veces, refiriéndose a Jesús, que “no lo conocía”.

La humildad de Dios

Este domingo llegamos al último día de la Navidad, y en él celebramos el Bautismo del Señor, que es una muestra de la humildad de Dios. En el evangelio podemos apreciar la profunda humildad de Juan el Bautista, sin embargo, la humildad que destaca en el evangelio es la de Cristo.

Santa María Madre de Dios

Ha querido la Providencia Divina que este primer día del nuevo año celebremos, por un lado, el segundo domingo de Navidad y, por otro, la solemnidad de Santa María Madre de Dios junto con la Jornada Mundial de la Paz que se celebran ambas en la Iglesia cada día 1 de enero.

Luz de los hombres

El evangelio de este día de Navidad nos muestra a Jesús como el que es la luz de los hombres. Siendo verdadero Dios, con el Padre y con el Espíritu Santo, viene a nosotros haciéndose hombre por la Encarnación y naciendo de María Virgen. En él se cumple la prome-sa del Dios con nosotros, y por eso es llamado Emmanuel.

Dios con nosotros

Nos acercamos ya a la celebración de la Navidad. Estamos próximos al cumplimiento de las promesas de Dios que, por la Encarnación, se ha convertido en el Dios con nosotros. Durante este tiempo de adviento se nos vienen anunciando las promesas del Señor: “viene en persona y os salvará” (Is 35, 4), dice el profeta Isaías.

Domingo de gozo

Al llegar este domingo al meridiano del tiempo del adviento cele-bramos hoy el domingo de gozo o “gaudete” en latín, en referencia a las palabras que con las que San Pablo nos anima a seguir cami-nando al encuentro de Cristo que viene: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegros. El Señor está cerca”.

La historia no es cíclica

Aunque el domingo pasado comenzamos un nuevo año litúrgico, sin embargo, debemos tener claro que la historia no es cíclica ni está siempre como repitiéndose. Más bien, al contrario, la concepción cristina de la historia es lineal porque Cristo ha convertido el enredo de una historia de pecado y de muerte en historia de salvación.

La salvación está ya cerca

Este domingo comenzamos el Tiempo del Adviento y también un nuevo año litúrgico. Es un tiempo de esperanza para prepararnos a la venida de Cristo en la Navidad. Como nos dice San Pablo, dejemos las actividades de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz. Que en este tiempo nuestro clamor sea: “Ven Señor, Jesús. Ven pronto”.

Y Jesús callaba

Con esta expresión, “y Jesús callaba”(Mt 26, 63), el evangelista San Mateo describe la actitud de Jesús ante las acusaciones de los sumos sacerdotes y el Sanedrín, al inicio de su Pasión. Esta misma actitud la descubrimos en el evangelio de este último domingo del año litúrgico, solemnidad de “Cristo, Rey del Universo”.

El final de los tiempos

Al llegar al final del año litúrgico siempre meditamos en la Iglesia sobre el final de los tiempos. Pero también cada domingo, al celebrar la Eucaristía, son dos los momentos de la liturgia en los que la Iglesia hace referencia a ese final de la historia: la profesión de la fe, y la respuesta al finalizar la consagración.